Cómo reconocer y gestionar el hambre emocional con 3 preguntas

Qué es el hambre física

El hambre física (o de estómago), implica una compleja interacción entre el sistema digestivo, el sistema endocrino y el cerebro.

Cuando tu cuerpo necesita descanso, comienzas a sentir cansancio y debilidad y te resulta más difícil concentrarte y trabajar. 

Entonces el estómago empieza a hacer ruidos y a doler. Esto es hambre física. 

Si no alimentas tu cuerpo cuando necesita alimento, los síntomas físicos se intensifican y el estómago empieza a hacer daño de verdad.

En este punto, el apetito es muy voraz y una vez que empiezas a comer, ya no sabes cuando parar.

La señal que manda el estómago al cerebro diciéndole que ya está satisfecho tarda unos 20 minutos. Por lo tanto, si comes demasiado rápido y no prestas atención a tu cuerpo, es fácil que comas más de la cuenta.

Qué es el hambre emocional

El Hambre Emocional es ese hambre, que parece hambre pero que no lo es…

No hay una necesidad real de comer comida. No nace de una necesidad física sino de necesidades emocionales o psicológicas insatisfechas que te provocan dolor y vacío en tu interior. 

El hambre emocional se produce cuando en lugar de reconocer tus sentimientos y trabajar tus problemas, tratas de llenar ese vacío con la comida.

Por eso, cuando no tienes hambre física, por más que comes, no te llenas. Porque  no es hambre de comida.

Entonces, la relación con la comida se convierte en una “falsa amiga”. Está ahí porque quiere ayudarte y te calma, pero a corto plazo.

Por ejemplo:

  • Comes cuando te sientes mal emocionalmente.
  • Buscas consuelo en la comida.
  • Tienes problemas para perder peso.
  • Comes para sentirte mejor o feliz.
  • Tu mundo gira en torno a la comida (piensas en lo que puedes y no puedes comer, en lo que te engorda lo que has comido…).
  • Sigues comiendo incluso cuando ya tienes el estómago lleno.
  • Tienes antojos por comer en cualquier momento y cualquier tipo de alimento (que normalmente no es sano).
Hambre física vs. hambre emocional

Hasta que no tengas conexión con tu cuerpo, percibirás ambos tipos de hambre de una forma similar.

Pero no es así.

El hambre física es gradual y paciente, el hambre emocional es repentina y urgente.

El hambre física se satisface con cualquier tipo de alimento, el hambre emocional no se satisface con comida sana

El hambre física llena un vacío nutricional, el hambre emocional llena un vacío emocional.

El hambre física es por necesidad física, el hambre emocional es por necesidad emocional.

El hambre física no se repite en un tiempo, el hambre emocional se repite cada poco tiempo.

3 preguntas que te ayudarán a reconocer y gestionar el hambre emocional
1.- “¿Tengo hambre física o emocional?”

¿Es hambre física o quieres cambiar y calmar el estado emocional en el que me encuentras? 

¿Siente hambre física o tienes ganas de comer? 

Si te apetece una cosa en concreto, normalmente, insana… no es hambre física, es hambre emocional. La comida cumple en este caso una función calmante, anestesiante.

Si es hambre física y no te toca aún comer, come una fruta, un puñadito de frutos secos crudos, toma una infusión… algo saludable.

¿Qué tipo de pensamientos estás teniendo?

¿Qué te dices? ¿Hay alguna parte de tu cuerpo donde sientas más?

Aprender a gestionar las emociones es un proceso que requiere tiempo y paciencia y las recaídas forman parte del proceso. Aprende de cada recaída.

2.- “¿Qué estoy sintiendo en este momento y dónde?”

El problema no es esa emoción en sí, ya que la emoción es una alarma que te avisa que algo no va bien en tu interior.

El problema viene  del uso que haces de esa emoción y de tu incapacidad para regularla y darle una respuesta adecuada.

Ponle nombre a lo que estás sintiendo, para poder disociarte.

¿Sientes tristeza, enfado, estrés, soledad, aburrimiento…?

No luches, ni te resistas a lo que estés sintiendo. Simplemente acepta lo que está ocurriendo en ese momento.

Lleva un diario de emociones y ve apuntando cada día cómo te sientes: apunta si has tenido alguna recaída (atracones, comer más de la cuenta) y también el desencadenante que lo originó. 

Analiza que tienen en común esos desencadenantes, en qué situaciones te pasa, con qué personas, en qué ocasiones…

Se trata de que cuanto más consciente seas, más fácil te será identificar el impulso que te hace comer para poder darle una respuesta adecuada.

3. “¿Para qué voy a comer? ¿Qué necesidad estoy tapando con la comida?”

Pregúntate: ¿como para calmarme, para distraerme, para recompensarme, para evadirme, para consolarme…?

Trata de encontrar qué necesidad hay detrás, identifícala.

Cuando llegue ese impulso de comer sin control, visualízate comiendo todo eso que quieres comer en ese momento.

Es una manera de anticiparte para que puedas tomar una decisión:  ¿eso es  realmente lo que quieres? ¿si lo comes te hará sentir bien? ¿o te hará sentir culpable al rato de haberlo comido?

Párate, al menos 5-10 minutos, siéntate y toma respiraciones profundas. Dite: voy a esperar este tiempo y luego decido si como o no. Durante ese tiempo solo respira. Lo importante es que NO comas.

También tienes otras alternativas para satisfacer esa necesidad de una manera más saludable para ti. Por ejemplo:

  • Practica ejercicios de relajación.
  • Date un masaje o un baño.
  • Escucha música.
  • Haz ejercicio físico.
  • Lee, escribe, dibuja, colorea mandalas, baila.
  • Llama a una amiga, da un paseo.
  • Juega con tus hijos,

 

¿Te imaginas los beneficios de empezar a aceptar, gestionar y comprender tus emociones? 

Impactarán positivamente en tu salud mental, física y emocional.

Te llevarán a una toma de consciencia y auto-conocimiento que te permitirá tener más control, más calidad de vida, mejor autoestima, conseguirás un peso saludable y sobre todo sacarás tú mejor versión.

 

Un abrazote lleno de energía

May Morón

 

P.D. Te recuerdo que no estás sola. Y que si has decidido que quieres un cambio, desde el interior, todo un viajazo de autoconocimiento, yo te puedo acompañar en tu proceso de transformación personal y de hábitos de vida. Un buen cambio de hábitos, para que se integre de verdad, es necesario que sea desde el interior. Hay que cambiar tus programas mentales, sanar todas esas ideas (creencias) que no te dejan ver, para conseguir esa vida que deseas.

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Soy May,
Coach NutriEmocional

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