La expresión “dieta equilibrada” ya no tiene mucho sentido hoy, quedó anticuada, desvirtuada…

Como dice la doctora Olga Cuevas: “El concepto dieta equilibrada surgió pensando en los alimentos que proveen los nutrientes necesarios para el sustento, pero ha quedado un poco desfasada, porque establecer alimentos para que nos den un mínimo de nutrientes, nos ha llevado a tener otros en exceso. No se trata solo de cumplir los unos mínimos, sino de no exceder los máximos y de elegir adecuadamente la procedencia y calidad de los nutrientes”. 

Así que mejor cambiar la expresión dieta equilibrada por DIETA SALUDABLE, para que no haya confusiones.

No todos los hidratos son iguales, ni todas las grasas, ni todas las proteínas. No es lo mismo la grasa del aceite de oliva virgen extra que la de una salsa como el ketchup, o cereales de paquetes azucarados que un arroz integral, o un filete de salmón fresco y salvaje que una salchicha. ¡No es lo mismo! Su calidad es muuuuuuy diferente.

La palabra equilibrada puede llevar además a error, ya que hay gente que dice: “yo como equilibrado, como de todo” y “comer de todo” no significa que sea saludable.

Estamos sobrealimentados y es más, damos a nuestro cuerpo, durante el día, muchas calorías vacías (y mira que yo no soy de contar calorías), pero es tan absurdo darle al cuerpo “todos esos productos comestibles” que no sólo engordan, sino que almacenamos y además para el cuerpo no tienen ninguna utilidad (alcohol, bolsas de patatas fritas, chucherías, bollería, comida basura en general…) y hay que añadir, además… en grandes cantidades.

Se come MUCHO Y MAL, por lo general.

¿De dónde sacamos material de construcción de primera calidad?

La energía que nuestro cuerpo necesita la obtenemos de los alimentos, que son el combustible de nuestro vehículo terrenal (cuerpo). Los alimentos transportan los nutrientes que necesitamos para que nuestro cuerpo funcione correctamente.

Todo ese combustible lo constituyen las sustancias nutritivas que están en los alimentos: hidratos de carbono de calidad (principalmente frutas y verduras, también legumbres, cereales integrales…), proteínas de calidad, tanto animal (pescado no de piscifatoría, huevos de gallina corral…), como vegetal (legumbres: lentejas, azukis, guisantes, garbanzos…) y grasas saludables (aceite oliva virgen extra, aguacates, frutos secos al natural…), agua, minerales y vitaminas.

En resumen, fíjate en que tipo de alimentos le estás dando a tu cuerpo. Come bien todos los días, “come comida real”.

Pregúntate si esos alimentos que compras estaban en la época de nuestros  bisabuelos y tatarabuelos. Si no lo conocían, casi seguro, serán alimentos ultra procesados, refinados, con conservantes, colorantes, potenciadores de sabor… es decir, no suele ser, por lo general, comida saludable.

Acostúmbrate a mirar la etiqueta de lo que compras, si no la entiendes o contiene azúcares añadidos – mucha sal-  grasas no saludable…

Pregúntate: ¿qué estoy comiendo?

Recapitulando, Pon más atención, en elegir alimentos saludable (no tanto foco en los nutrientes). Elige los alimentos más adecuados a tu constitución, tu estilo de vida, tu condición y que te acerquen lo máximo posible a al estado de salud óptimo y evita los que te alejen

  • Nuestro cuerpo es nuestro vehículo terrenal en este viaje de la vida y durará más o menos y en mejores condiciones según como lo tratemos y el combustible que le demos.
  • Más calidad que cantidad.
  • Más lento que rápido.
  • Más masticar y masticar.
  • Más comer concientes, relajados, sentados, tranquilos…
  • Más mercado y menos supermercados.
  • Mejor local y de temporada.
  • Preferiblemente sin etiquetas, ni envoltorios… y si la tiene, aprende a leerla, si no la entiendes, mejor, no compres…

Y recuerda que lo importante es el conjunto de la dieta y el conjunto de hábitos, es decir, lo que haces cada día y no lo que haces muy ocasionalmente (Regla 80-20%).

Si no te ocupas hoy, te tendrás que PRE- OCUPAR mañana.

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PD.

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